Una psicoterapia adaptada a cada persona
No hay dos personas iguales y, por tanto, no hay dos procesos de psicoterapia iguales. Por eso, la terapia que realizo es individualizada: partimos de una comprensión profunda de lo que te ocurre, de tu historia y de tus circunstancias actuales para diseñar juntos un plan de tratamiento adaptado a tus necesidades y a los objetivos que quieres alcanzar.
Si tuviera que definir mi manera de trabajar, diría que parte de una visión integral del ser humano. Cuerpo y mente pueden separarse para estudiarlos, pero en nuestra experiencia cotidiana constituyen una unidad. Lo que ocurre en el cuerpo influye en nuestro estado psicológico y viceversa. Y ambos están, a su vez, profundamente relacionados con el entorno en el que vivimos (qué comemos, qué relaciones tenemos, dónde y cómo trabajamos, con quién vivimos, con qué red de apoyo social contamos, etc.)
Por eso, una buena evaluación psicológica no debería limitarse a identificar síntomas o establecer un diagnóstico. Me interesa saber qué te ocurre, pero también cómo duermes, cómo te alimentas, cómo son tus relaciones, qué capacidad tienes para regular tus emociones, cuáles son tus principales fuentes de estrés y en qué condiciones estás viviendo. Tener vínculos significativos, disponer de recursos económicos suficientes, desarrollar un trabajo que permita vivir dignamente o descansar adecuadamente no son cuestiones periféricas a la salud mental: forman parte de ella.
El sueño es un buen ejemplo. Podemos realizar un excelente trabajo psicoterapéutico, pero si existe una alteración importante del sueño que no estamos atendiendo, procesos esenciales para el aprendizaje, la regulación emocional y la consolidación de la memoria pueden verse afectados. De la misma manera, la alimentación, el ejercicio, las relaciones personales, el estrés laboral o las circunstancias socioeconómicas pueden facilitar o dificultar el cambio que buscamos en terapia.
Primero comprender; después, intervenir
Las primeras sesiones están destinadas a realizar una evaluación y elaborar un plan de tratamiento. Dependiendo de cada caso, exploraremos tu historia vital y posibles experiencias traumáticas, tus patrones de apego y de relación, tu capacidad de regulación emocional, la presencia de síntomas o problemas psicológicos y los recursos con los que cuentas actualmente.
Pero hay una pregunta todavía más importante: ¿qué quieres conseguir con la terapia?
El objetivo no es únicamente reducir síntomas ni comprender por qué eres como eres. Podemos trabajar con experiencias del pasado —por ejemplo, mediante terapia EMDR cuando está indicada—, pero siempre con la mirada puesta en el presente: qué está interfiriendo hoy en tu vida y qué necesita cambiar para que puedas vivir de una manera más libre, satisfactoria y coherente contigo mismo.
La relación terapéutica constituye una parte fundamental de este proceso. Procuro generar un espacio de confianza, seguridad y confidencialidad en el que podamos hablar con transparencia de lo que ocurre, respetando tu ritmo sin perder de vista los objetivos que nos hemos planteado.
Mi manera de entender la psicoterapia combina, por tanto, una relación terapéutica profundamente humana con una intervención rigurosa y orientada al cambio. No se trata de aplicar técnicas de manera mecánica, pero tampoco de hablar indefinidamente sobre los problemas. Se trata de comprender qué mantiene el sufrimiento, trabajar sobre ello con las herramientas más adecuadas y trasladar progresivamente ese cambio a la vida cotidiana.
Porque, aunque en ocasiones necesitemos mirar hacia atrás para comprender y reparar nuestra historia, la psicoterapia ocurre en el presente y está al servicio de la vida que queremos construir hacia delante.

